miércoles, 27 de mayo de 2009

El enamoramiento y la vida en pareja

Me gusta mucho leer a Eloy Renobales. Eloy tiene una sección de Alma Corazón y Vida dentro del periódico económico Cotizalia.

En su último post lanza una reflexión muy interesante acerca de los matrimonios impuestos frente a los elegidos libremente. Por su puesto que no defiende a los matrimonios impuestos pero si que alaba la intención de “compartir un camino con la voluntad de irse conociendo y progresivamente amándose” del uno frente a la paradoja del gran número de parejas rotas cuando “la pareja se elige con más libertad que nunca”.
Adjunto aquí el link.

Por otro lado me parecieron muy interesantes estos dos párrafos de abajo ya que encuadran varias ideas que me recuerdan al post que escribimos aquí acerca del libro del arte de amar de Erich Fromm.
Qué manía se tiene de confundir el amor con otras cosas...


“En nuestra cultura, ¿nos elegimos libremente? En la mayoría de los casos, la relación de pareja se formaliza tras un periodo de enamoramiento donde la hormona sustituye a la neurona. En estos momentos identificamos al otro con imágenes ideales sobre el ‘objeto amado’. Nos emparejamos así, más que con una persona con una idea, quizás con un ideal. En este plano las cosas pueden ser incluso perfectas. En el de los seres humanos no. Aquí empieza la obra que, cada vez más, acaba en drama. Decimos “te quiero” con una voluntad de pedir al otro, de poseerlo. Inconscientemente dos se funden en uno, en un nosotros que parece indestructible. Y en esa enajenación mental tan maravillosa pero transitoria, vemos al otro como el puerto seguro en el que refugiar nuestro barco, un lugar donde todos nuestros sueños serán cumplidos, todas nuestras necesidades cubiertas, todas nuestras demandas respondidas.

Ese lugar se asemeja al que busca un niño entre los calurosos brazos de su madre o los fuertes y seguros abrazos del padre. Ese ‘nosotros somos uno’ nos transporta a la unidad prenatal donde todo nos era concedido sin mayor esfuerzo. Es muy revelador que uno de los significados de la palabra querencia sea el de ‘inclinación a volver al lugar donde uno ha sido criado’. Buscamos en el otro a alguien que nos transporte a ese lugar donde nuestras necesidades eran satisfechas. Nos encontramos muchas veces en relaciones que responden más a un modelo niño-adulto (padre-hija o madre-hijo) o niño-niño que al de personas maduras e iguales. Deseamos al otro como hacemos con un producto de consumo pero de una manera más instintiva. Cuando vamos satisfaciendo el deseo, consumiendo al otro, aparece la realidad: el otro como ser humano imperfecto. Desaparece ese dios que nos colma de todo y para siempre. Empezamos a ver lo que la marea del enamoramiento va dejando tras alcanzar la pleamar. Una persona con otras necesidades, otras demandas, otros sueños e ilusiones, sus alegrías y sus tristezas.”

martes, 7 de abril de 2009

Playing for change


Playing for change
es una fundación cuyo objetivo es conectar el mundo a través de la música tratando de proveer recursos a todas las comunidades alrededor del planeta. Además de esto apoyan distintos tipos de proyectos de carácter social.

"Como la música no conoce ni razas ni fronteras es posible que sea ella quien traiga la paz en todo el mundo"
- Bhekani Memela, África

lunes, 30 de marzo de 2009

De otra pasta


Me gusta leer a Vicens Castellanos. Es, por llamarlo de alguna forma, un economista muy espiritual. En su blog es sencillo encontrar post donde mezcla economía familiar con Krishnamurti. Gracias a su último post descubro a Albert Casals un muchacho catalán de 18 años a quien una leucemia infantil le condenó a una silla de ruedas desde niño.

Hacía mucho tiempo que no sentía tanto al leer una entrevista. En los últimos cuatro años Albert se ha dedicado a viajar por todo el mundo con su silla de ruedas. Me fascina el positivismo y la manera de afrontar la vida de este chico. Transcribo la entrevista para compartirla con vosotros. Todavía me sigue resonando el la cabeza la siguiente frase: "Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz".


- ¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?

- Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.

- Y fueron a saco.

- Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!

- ¿No te importa la silla de ruedas?

- Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!

- ¿No?

- Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica…

- ¿Con quién viajas?

- Me gusta viajar solo.

- ¿En silla de ruedas… ¡y solo!?

- La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos.

- ¿Desde cuándo viajas así?

- A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.

- ¿Y qué dicen hoy tus padres?

- Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”. Ellos facilitan mi felicidad.

- ¿Eres feliz, pues?

- Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.

- ¿Con qué dinero viajas?

- Con tres euros al día.

- No es posible.

- Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!

- Pero… ¿y dónde duermes, y cómo comes y… cómo lo haces?

- ¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.

- Dicho así, sí parece fácil.

- Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…

- ¿Qué buscas en tus viajes?

- Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.

- ¿Y qué opinan tus amigos de aquí?

- Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.

- ¿No te da miedo viajar solo?

- ¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?

- Pueden robarte…

- Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.

- …puedes sufrir un accidente, morir…

- Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!

- ¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?

- Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes… Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!

- ¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?

- Los adultos repiten dos preguntas: “¿De dónde sales?”, “¿Y tus padres?”. Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo… Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?

- Hombre…

- Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!

- ¿Qué llevas en tu mochila?

- Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.

- Dime lugares en que hayas dormido.

Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones…

- ¿Cuál ha sido el mejor momento?

Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.

- ¿Y tu momento más peligroso?

He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente… y pudieron rescatarme por los pelos.

- ¿Qué planes tienes ahora?

- Recorrer toda el África oriental hasta llegar a Madagascar.

- ¿Nada te frena?

- Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.

- ¿Y no piensas estudiar, trabajar…?

- No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños… A veces me dicen: “si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!”. Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?

lunes, 16 de febrero de 2009

"Aceleración crónica". José M. Marco (profesor de filosofía)

Me encuentro en el bus con el "Diario de Navarra", el viaje es largo asi que le echo un vistazo. Economia, sociedad, deporte, Nacional, Internacional... en fin, me quedo con la sección de opinión y me encuentro una joya que enlaza directamente con aquellas ideas irracionales de Albert Ellis, aunque sólo en un aspecto muy concreto. El articulo lo escribe José M. Marco, lo reproduzco íntegramente. Me conformo con dejar de cometer uno de los vicios... ;)


"Cuando en siglo XIX se comenzaron a incorporar las máquinas a la producción industrial y en pocas horas se fabricaba lo que a un artesano le costaba días, algunos intelectuales pensaron que era el imicio de una nueva sociedad. Una sociedad en la que las personas podrían disfrutar más de su tiempo, vivirían más tranquilas y no tendrían que dedicar tanto tiempo al trabajo.

En parte acertaron -las jornadas laborales son mucho más reducidas-, pero paradójicamente la sociedad de internet, del teléfono, del AVE, de las autopistas, la sociedad en la que te cuesta veinte minutos un desplazamiento que antes costaba varias horas, la sociedad en la que puedes transmitir y recibir información de cualquier parte del mundo sin esperar apenas un segundo, es también la sociedad del estrés, las prisas, el "llego tarde" y el "nunca tengo tiempo".

Este agobio crónico en el que vivimos muchas personas en la actualidad responde a una serie de vicios en nuestras actuaciones y a una serie de prejuicios sobre la utilización del tiempo: vicios y prejuicios presentes tanto en la planificación del tiempo de estudio como en la vida cotidiana.

Realizo varias tareas al mismo tiempo. Si no me centro en una actividad no puedo concentrar mi mente y mis esfuerzos en solucionar un problema o realizar una acción. Cuantas más tareas simultaneas realizo menos eficiente soy, tengo que esforzarme más para conseguir menos, tengo que realizarlas deprisa para poder dedicarme a todas y acabo frustrado porque son escasas las actividades que termino correctamente.

No se aislarme para evitar interrupciones. Las constantes interrupcione restan también eficacia a mis actos al mismo tiempo que le añaden estrés. Buscar el lugar y el momento apropiado es sinónimo de menos tiempo de trabajo para mayor perfección. Por muchas prisas que tenga no es más inteligente comenzar a trabajar a media tarde con los niños jugando alrededor que esperar a que se vayan a la cama y poder dedicar mis esfuerzos de forma continuada.

Quiero hacer más cosas de las que son posibles en un tiempo determinado. Si tengo dos horas antes de llegar a una cita pienso realizar una actividad en ese tiempo, si acabo media hora antes, en lugar de ir paseando tranquilamente, comienzo otra actividad que tengo que realizar a todo correr y que me obliga a ir también corriendo a mi cita.

No sé determinar qué es lo más importante en cada momento. Uno de los aspectos fundamentales para organizar bien mi tiempo es saber distinguir lo importante de lo que no lo es tanto. Si no soy capaz de distinguirlo comienzo múltimples tareas que voy abandonando cuando surgen otras o me dedico a actividades que me quitan el tiempo necesario para solucionar lo principal.

Me dedico a actividades inútiles o sin solución. A veces nos obsesionamos con un tema que escapa a nuestro control o a nuestra actividad sin embargo continuamos dedicándole tiempo y esfuerzo porque consideramos que dejarlo es rendirnos o fracasar. Hay que saber diferenciar lo que entra dentro de nuestras posibilidades y lo que escapa a ellas.

Trabajo demasiadas horas. Parece que una persona más ocupada es más efectiva, pero no es así. Una persona más efectiva es la que mejor se organiza y una parte muy importante de esa organización es el descanso ya que nos ayuda a afrontar los problemas con nuevas energías, una mente y un cuerpo descansados.

Si trabajo más deprisa aprovecho mejor el tiempo. Trabajar más deprisa implica ponerme nervioso y no realizar mis actividades correctamente, lo cual significa desaprovechar el tiempo. Las prisas no son buenas consejeras, el tiempo es limitado y mis metas tambien deben serlo. El tiempo es mi vida y una vida con calidad no es compatible con una -aceleración crónica-".


jueves, 5 de febrero de 2009

¿Matan en la escuela la creatividad?

No sabría que decir... quizás tuve suerte.

Con esta provocativa pregunta Sir Ken Robinson aprieta el gatillo del arma que apunta nuestras cabezas.

2 años de preescolar + 8 años de Educación General Básica + 3 años de Bachillerato Unificado Polivalente + 1 año de Curso de Orientación Universitaria + 6 años de Universidad = 20¿?

domingo, 18 de enero de 2009

Semanal XL

Todos los lunes por la mañana antes de ir a trabajar y mientras desayuno leo la columna de Eduard Punset en el semanal... esta semana me ha dejado perplejo...:

Y dice Punset:

"La sugerencia de muchos divulgadores cientificos respalda -lo siento querido lector de esta columna- una posición inquietante: la de que el éxito, o en definitiva la felicidad, no depende de un solo factor, como los genes que lo hayan conformado a uno, la dieta, el hemisferio que nos ha tocado vivir, el trabajo o la buena salud, sino de algo mucho más complicado. Lo que están poniendo de manifiesto los últimos experimentos efectuados al respecto es que la armonía y el sosiego individual no dependen de opciones individuales que sólo atañen a la persona observada. Más allá de la persona, resulta que su felicidad y sus ánimos dependen de los valores del mundo que habita y del entramado pergeñado con los demás. La felicidad, en definitiva, va mucho más allá del comportamiento individual y depende de la organización social."

Sólo he escrito un fragmento significativo, que desde luego abre muchos diálogos, ójala los podamos mantener, para leer el articulo entero pincha aquí


lunes, 22 de diciembre de 2008

¡Hay que cantar más!

El otro día estaba volviendo del trabajo y de pronto me encontré a mí mismo cantando. La verdad que me llamó poderosamente la atención porque hacía mucho tiempo que no cantaba... ¿Qué triste, no?

Las buenas noticias siguieron al día siguiente cuando me descubrí de nuevo cantando pero esta vez en la ducha. ¿Será que estoy más feliz?- pensé.

A donde voy es que cantar nos hace felices. La voz es un medio de expresión y de liberación se emociones. Además genera autoestima (en algunos casos no...) y ayuda a desarrollar la memoria.

Canta y que el sonido vibre por todo tu cuerpo... siéntelo... que te inunde su poder terapéutico!


Discover Nena Daconte!


Me permito así presentaros Deezer. Es la última página web que he descubierto para escuchar música online. Así que ahora os recomiendo que busquéis vuestro autor favorito, pongáis el volumen alto y os dejéis llevar...

sábado, 20 de diciembre de 2008

ERES PODEROSO

El 10 de diciembre se cumplió el sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de Naciones Unidas. (Podéis ver en el link el vídeo explicativo de la declaración)

Ahora Amnistía Internacional ha creado la campaña You are Powerful. Otro mundo mejor es posible. Simplemente tenemos que creer en nosotros mismos y en nuestro poder para cambiarlo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Luis Durán. Volátil.

Leyendo un cómic encuentro algo inesperado. Recuerdo casi con total claridad ese día. Ese día en el colegio... ese día en el instituto... y ese día en la carrera:

Caballeros... como ya saben, éste es el último día de la academia... y por lo tanto también ésta será su última clase de literatura... Comprendo, porque yo también fui alumno, que muchos de ustedes, quizás todos se sentirán eufóricos por no tener que soportar más la absurda verborrea de este viejo profesor. Y supongo que también en este mismo instante la palabra libertad rondará por los laberintos que pueblan sus cabecitas.


En breve se levantarán, franquerán esa puerta y se sentirán libres. Para algunos la estancia en este centro les habrá supuesto experimentar un cambio profundo... interno e irreversible, para otros en cambio... no habrá supuesto absolutamente nada. Pero a todos, atravesar esa puerta les exigirá encararse con un nuevo tramo de sus vidas. Algunos... algunos de ustedes lo tendrán más fácil que otros y quizás ahora mismo, ya les aguarde un cargo laboral importante bajo la tutela de sus progenitores. Otros los menos, tal vez hayan decidio continuar ampliando su formación en otros centros, y entre otras paredes, hasta lograr ser eruditos en alguna de las materias en las que aquí, humildemente, se les inició. Quizás incluso en esta misma materia. Diganme: ¿habrá algun Dickens entre ustedes? Me gustaría creer que sí.
En fin, tristemente tampoco faltarán entre los presentes aquellos, que tal vez por un descuido, desidia o rendición incondicional elijan como siguiente paso una vía muerta... un barco a la deriva... pero todos... todos han de saber que detrás suyo hoy se cierra un ciclo que ya jamás volverá abrirse... pero que a veces retornará a sus vidas por sorpresa, en forma de un papel amarillo, de una rama golpeando un cristal, o de unos niños jugando bajo un melancólico cielo. También hoy ante ustedes se dibuja una encrucijada de caminos entre los cuales deberán de elegir.
Si, es cierto, ya casi todos son personas adultas por lo tanto ya atravesaron, anteriormente otros cruces, ya abrieron anteriormente otras puertas. Pero... pero si observan detenidamente, se percatarán de que la puerta a franquear será cada vez más estrecha... de que ese cruce de caminos cada vez tendrá un abanico de opciones a elegir más reducido y ustedes... ustedes también, un día, cuando se busquen sobre algún espejo, se descubriran... menos audaces... menos desvergonzados...menos atrevidos... y menos silvestres. Y la palabra LIBERTAD volverá a rumiar entre los laberintos de sus cabecitas pero cada vez con menor impulso... cada vez con menor pasión.

Caballeros... cuando franqueen esa puerta, ¿realmente serán más libres?


Lo dudo.

lunes, 3 de noviembre de 2008

miércoles, 29 de octubre de 2008

Todo tiene el alma que nosotros queramos darle

Es cierto, la vida útil de un ordenador no supera hoy los tres años. Y es que la velocidad a la que avanzan las nuevas tecnologías convierte rápidamente en viejo cualquier aparato. Todos hemos tenido la experiencia de ver pasar ante nuestros ojos un buen número de artilugios (televisores, móviles…) que en poco tiempo se convierten en piezas de museo. La moda también contribuye a acortar la vida de determinados objetos, envejecidos por una industria del gusto que conspira para inyectar en los consumidores el veneno del hastío y de la ansiedad. Desear, comprar, usar y tirar son acciones consecutivas que se encadenan con tal rapidez que a veces ni siquiera nos permiten disfrutar del cada vez más efímero placer de la posesión. ¿Por qué sino en las tiendas de segunda mano pueden encontrarse prendas casi nuevas, algunas incluso con la etiqueta puesta?


A la condición perdurable que caracterizaba a algunas posesiones de nuestros padres -a veces heredadas de los abuelos, que las habían recibido de sus mayores- le sucede ahora el imperio de los objetos-kleenex, tan perecederos como carentes de sentido más allá de su funcionalidad concreta. Y, ¿qué ocurre con aquel componente sentimental de la propiedad, aquella relación de apego que otorgaba a determinadas cosas -un juguete de la infancia, un centenario mueble de familia- un valor añadido, un carácter casi humano? ¿Dónde están aquellos objetos que llevaban prendido el signo de nuestra identidad?


Son clásicos el muñeco de trapo o de peluche que los pequeños abrazan para conciliar el sueño, o un simple trapo como el que acompaña a todas partes al pequeño Linus en las tiras cómicas de Charlie Brown. El psiquiatra Donald Winnicott acuñó a mediados del siglo XX la denominación de «objetos transicionales» para referirse a aquellas cosas materiales en las que los niños concentran el afecto y la confianza. Y los llamó así porque veía en ellos la representación de la seguridad materna cuando la madre está ausente. Son, por tanto, una especie de cordón umbilical que a través de la fantasía crea vínculos firmes entre el sujeto y la realidad. Aunque los niños siguen teniendo sus mascotas o juguetes preferidos que sobreviven a las avalanchas de regalos, cada vez les rinden menos lealtad. La sobreabundancia les incita al cambio. En el mejor de los casos, su relación con ellos es no ya sentimental, sino simplemente emocional: la emoción de la primera sorpresa, del enamoramiento súbito, del goce momentáneo.


Algo semejante ocurre en los adultos, paulatinamente desprendidos de cosas durables, de objetos a los que guardar fidelidad a lo largo de toda la vida o de una etapa importante de ella. Antes se apuraba la existencia de las cosas hasta su último aliento. Curioso que cuanto más crece nuestra esperanza de vida, más se acorta la de los objetos que nos rodean…


Y es que los objetos tienen el alma que nosotros queramos darle. Una piedra, por ejemplo, puede llegar a convertirse en nuestro objeto más preciado si tras ella se encuentra el recuerdo del viaje de nuestra vida. Por el contrario, esa misma piedra podría pasar inadvertida si, en lugar de presidir nuestra mesa de trabajo, yaciera en el suelo de cualquier descampado.


Todos necesitamos depositar en las cosas algo de nuestro yo, confiarles nuestros sueños, dotarlas de significado, reconocernos en ellas. No es materialismo. En el culto a las cosas perdurables hay una espiritualidad que no conoce el comprador inestable y compulsivo, esclavo de las novedades y proclive al hastío. Por el hecho de que las cosas tengan lapsos de vida tan reducidos no hay que deducir que sus dueños sean personas indiferentes a la tentación de lo material. Más bien al revés: los que guardan fidelidad a las cosas duraderas dotan a éstas de un alma que no tienen los objetos sucesivos, volátiles. Y si no mantenemos con ellos vínculos mínimamente estables, ¿seremos capaces de mantenerlos con nuestros semejantes, con nuestros principios, con nuestras ideas…?

lunes, 6 de octubre de 2008

10 millones de dolares para cambiar el mundo

Tenéis una idea? Podéis mejorar el mundo.

Aquí teneis el enlace
con toda la información necesaria.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Maquinas de soñar

Articulo muy interesante desde www.librodenotas.com/guiaparaperplejos:

El mundo es una gran simulación. Rodeadas de estímulos sensoriales, lo que nuestras mentes interpretan como real no es más que una hábil reconstrucción de nuestras neuronas. Somos máquinas de soñar -explica el profesor Rodolfo Llinás— máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real».

El científico colombiano, uno de las voces más prestigiosas en el campo de la neurociencia, ha llegado a la conclusión de que el cerebro es un sistema cerrado y autónomo, capaz de trabajar al margen de los cinco sentidos. «Lo que hay afuera no es necesaria y únicamente lo que los seres humanos vemos» —explica. «En realidad, afuera hay todo un caos lleno de cosas que nuestro cerebro no percibe porque no tiene necesidad de hacerlo para sobrevivir: ondas sonoras, electromagnéticas, átomos, partículas de aire, etc.»

De esta forma, en palabras del científico, la realidad externa no sería siquiera remotamente parecida a la percibida por otros seres vivos, como un perro o una mosca, y aquello que nosotros definimos como “real” no sería más que una especie de “alucinación colectiva estándar” en la que los humanos nos hemos puesto de acuerdo tras miles de años de evolución.

Fallos en Matrix

El “argumento de la simulación” ha vuelto recientemente a la actualidad a raíz de las declaraciones del filósofo de la Universidad de Oxford, Nick Bostrom, quien sostiene la existencia de una probabilidad significativa de que estemos viviendo en una realidad virtual simulada por un supercomputador. Lejos de la especulación pseudocientífica, las reflexiones de Bostrom están firmemente respaldadas por el trabajo de científicos como el astrofísico Martin Rees o el matemático John Barrow, quienes propusieron por primer vez la teoría de que formamos parte de un universo virtual construido por una civilización avanzada.

Por increíble que parezca, otros hallazgos científicos ponen sobre el tapete la inquietante posibilidad de que esa máquina, a la que podríamos denominar “Matrix”, presente fallos a medida que nos alejamos de nuestro planeta. En el año 1988, el astrónomo John Webb estudiaba quasares ubicados a 6 mil millones luz de distancia cuando descubrió que la velocidad de los espectros de la luz era ligeramente menor a lo esperado siguiendo las leyes de la relatividad de Einstein. Este hecho ha sido interpretado por algunos físicos como un resquicio que delataría el juego de simulación: a determinadas distancias, la realidad virtual simulada de nuestro universo dejaría de ser perfecta y se manifestaría por una variación de las constantes físicas.
Siguiendo esta hipótesis, de la misma forma que nosotros hemos sido capaces de recrear universos simulados a nivel computacional, una civilización tecnológicamente más madura que la nuestra podría ser capaz de construir computadoras lo suficientemente poderosas para ejecutar un número astronómico de mentes similares a las humanas.
Dicho extremo —como exponía brillantemente The New York times pondría fin a una cuestión teológica largamente debatida: ¿Por qué permite Dios la existencia de tanto “mal” en el mundo? Por la misma razón por la que existe la posibilidad de incluir variables como plagas o terremotos en los juegos de simulación como el World of Warcraft. La paz es demasiado aburrida para un supuesto “jugador”.

Hipótesis o realidad, lo cierto es que la multinacional Sony tiene registrada una patente para recrear mundos virtuales dentro del cerebro. La técnica, aún no desarrollada, se basaría en la estimulación de las neuronas asociadas a la percepción mediante pulsos de ultrasonido, de manera que la persona sería capaz de percibir como real algo que sólo estaría proyectado en su cerebro.

Y es ahí donde radica la inquietante conclusión expuesta al principio de este artículo por boca del profesor Llinás: estimuladas de la manera adecuada, nuestras neuronas no tendrían ninguna capacidad para distinguir entre una realidad hábilmente simulada y un universo real.

jueves, 28 de agosto de 2008

La indefensión aprendida

Encerramos dos perros en dos jaulas. A ambos perros simultáneamente les damos una serie de descargas. Uno de los perros en su jaula tiene una palanca que en caso de mover detiene la descarga. A medida que los perros reciben la descarga el que tiene la posibilidad de pararla va ejecutando el movimiento con mayor precisión y velocidad.

Como tenemos mucho tiempo sacamos a los perros de las jaulas y los metemos en una habitación con una valla en la puerta. Como además tenemos un gran sentido del humor volvemos a proporcionar a nuestras cobayas descargas eléctricas. Para evitar esas corrientes sólo hay que saltar la vaya. Curiosamente sólo el perro que dispuso, en el anterior experimento, de la capacidad de detener la misma, advierte el fenómeno y salta cada vez que siente una descarga por encima de la valla. Vamos a llamar a la situación del perro que sigue valientemente recibiendo las descargas; indefensión aprendida.

Seligman y Maier (1967) propusieron el fenómeno de la Indefensión Aprendida, que postulaba, como nivel inicial de investigación que cuando los organismos son sometidos a situaciones de incontrolabilidad, éstos, posteriormente, mostrarán una serie de déficits en la adquisición de respuestas exitosas.

Relata Punset, en redes, otro ejercicio: colocamos 5 ratones dentro de 5 recipientes de cristal. Cada cierto tiempo les sometemos a una serie de descargas eléctricas aleatorias. Sólo uno de ellos tiene la posibilidad de parar las descargas oprimiendo un botón de forma también aleatoria, es decir a veces la respuesta es el cese de la descarga y otras no. Al cabo de 1 semana todos los ratones, que no podían vivir bajo el continuo sufrimiento gratuito, mueren. Sin embargo el ratón que tiene cierto grado de control, o la consciencia de poder dirigir su destino, sobrevive.

jueves, 21 de agosto de 2008