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domingo, 18 de abril de 2010

El Circo de la Mariposa

Hace un par de años mostrábamos un vídeo de Nick Vujicic. Nick es un australiano de 28 años que nació sin extremidades pero que lleva una vida mucho más feliz que la mayoría de las personas. Tanto es así que se dedica a dar conferencias motivacionales por el mundo.

Ahora nos hemos encontrado con un inspirador cortometraje suyo en la red.




sábado, 26 de diciembre de 2009

Feliz Navidad, Felices Saturnalias, Feliz Nacimiento de Mitra, Felices Fiestas de Yule

La fecha del nacimiento de Jesús ha sido un tema bastante polémico desde hace muchos años. Según el evangelio de San Lucas los pastores tenían apacentando sus ovejas durante la noche del nacimiento. Esto es complicado que se dé a finales de diciembre con el frío que tiene que hacer en pleno invierno en Palestina. Muchas teorías indican que dicha fecha tuvo que ser entorno al mes de abril.
Hay varias presunciones que señalan las razones por las que el Papa Julio I decidió en el año 350 instaurar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. En cualquier caso el trasfondo de las mismas parece ser el mismo, el crear una celebración cristiana que coincidiese con otras de otras creencias para facilitar la conversión al cristianismo.

Había varias fiestas no cristianas en la época:

- Las más destacadas eran las Saturnalias, que eran la principal festividad pagana de la antigua Roma y abarcaban del 17 al 24 de diciembre. En ellas, con motivo del solsticio de invierno, se celebraba el final de la oscuridad, a partir de entonces los días se alargaban y las noches se iban haciendo más cortas.

- Celebración del nacimiento de Mitra, dios persa. El pueblo romano en su expansión mediante conquistas, no imponían a sus dioses sino que solían incorporar los ajenos. Entre estos dioses adoptados, estaba Mitra y su culto llegó a ser bastante popular entre los romanos. El 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento de Mitra.

- Las Fiestas de Yule eran celebradas cada solsticio de invierno. Es una celebración escandinava, relacionada con la Mitología nórdica y el paganismo germano.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La Mayoria.

Estaba viendo el otro día una película más que recomendable "500 días juntos". Al final del film una voz en off dice "...la mayoria de los dias del año, no tienen nada de especial, comienzan y acaban sin dejarnos recuerdos perdurables en la memoria, la mayoria de los dias no tiene ningun impacto sobre el transcurso de una vida..."
Me dejó bastante impactado. A la vez que inesperado en la pelicula, me resultó muy veraz en la realidad.

Esa misma semana en el suplemento semanal [nº 1147] del periodico me encuentro un articulo de Paulo Coelho, hablando sobre como crear condiciones ideales en nuestro entorno que nos sean beneficiosas. En la introducción comenta:
"...Los verdaderos hombres y mujeres son los que crean las condiciones ideales.
-¿Cómo se puede hacer tal cosa?
-Un chino sabio ya dio la solución hace miles de años: hay que cumplir cinco puntos, es necesario saber que hay que comenzar por respetearse a uno mismo y por concentrarse en lo que deseamos.
-¿Cómo sabemos lo que deseamos?
-Cuando nos sentimos bien al realizar determinada tarea.
Por consiguiente, todo lo que nos hace perder el entusiasmo y el respeto por nosotros mismos es nocivo, aunque conlleve poder, dinero o éxito. Ya he visto a mucha gente asfixiada por el éxito, cometiendo errores que acababan destruyendo un trabajo de años, abandonándose a borracheras monumentales o volviéndose agresivos, rigurosos o amargos. Estas personas están lejos de sí mismas y lejos de los demás.
.."

Es posible que ambas ideas caminen de la mano, creo que si somos capaces de saber lo que deseamos y asi sentirnos bien al realizar nuestras actividades podremos conseguir que los dias de nuestra vida no caigan en el pozo del olvido.

En algún post anterior haciamos referencia a la pregunta ¿Para que? Es momento de complementarla con otra, posiblemente la pregunta más dificil ¿qué quiero?



viernes, 14 de agosto de 2009

El control sobre la mente

Hace año y medio adquirí el libro de Joe Dispenza "Desarrolla tu cerebro". El libro es bastante grueso y, desde mi punto de vista, tiene zonas un tanto densas cuando comienza a hablar del cerebro de forma muy teórica. Sin embargo, en resumen, es un libro muy interesante.

Son 600 páginas así que es difícil de resumir pero básicamente muestra como funciona el cerebro en cuanto a nuestros comportamientos.

Una de las cosas que explica (y que se ve en los vídeos de abajo) es que somos adictos a determinadas actuaciones por la adicción química que precisamente producen esas conductas en nuestro cerebro una vez que las hemos repetido miles de veces.

En conclusión el objetivo del libro es el de hacernos tomar el control de nuestra mente (que no es poco...).

Ahora he visto que estaban publicados estos dos videos de Joe en Youtube. Son un buen resumen del libro y me han gustado mucho.





Los vídeos pertenecen a cortes de la película "Y tu qué sabes, dentro de la madriguera" que es la segunda parte de la película "Y tu que sabes". Es una película muy recomendable también pero hay que verla con la mente fresca.
Si queréis ver la película integra os la adjunto aquí abajo:

martes, 7 de abril de 2009

Playing for change


Playing for change
es una fundación cuyo objetivo es conectar el mundo a través de la música tratando de proveer recursos a todas las comunidades alrededor del planeta. Además de esto apoyan distintos tipos de proyectos de carácter social.

"Como la música no conoce ni razas ni fronteras es posible que sea ella quien traiga la paz en todo el mundo"
- Bhekani Memela, África

miércoles, 29 de octubre de 2008

Todo tiene el alma que nosotros queramos darle

Es cierto, la vida útil de un ordenador no supera hoy los tres años. Y es que la velocidad a la que avanzan las nuevas tecnologías convierte rápidamente en viejo cualquier aparato. Todos hemos tenido la experiencia de ver pasar ante nuestros ojos un buen número de artilugios (televisores, móviles…) que en poco tiempo se convierten en piezas de museo. La moda también contribuye a acortar la vida de determinados objetos, envejecidos por una industria del gusto que conspira para inyectar en los consumidores el veneno del hastío y de la ansiedad. Desear, comprar, usar y tirar son acciones consecutivas que se encadenan con tal rapidez que a veces ni siquiera nos permiten disfrutar del cada vez más efímero placer de la posesión. ¿Por qué sino en las tiendas de segunda mano pueden encontrarse prendas casi nuevas, algunas incluso con la etiqueta puesta?


A la condición perdurable que caracterizaba a algunas posesiones de nuestros padres -a veces heredadas de los abuelos, que las habían recibido de sus mayores- le sucede ahora el imperio de los objetos-kleenex, tan perecederos como carentes de sentido más allá de su funcionalidad concreta. Y, ¿qué ocurre con aquel componente sentimental de la propiedad, aquella relación de apego que otorgaba a determinadas cosas -un juguete de la infancia, un centenario mueble de familia- un valor añadido, un carácter casi humano? ¿Dónde están aquellos objetos que llevaban prendido el signo de nuestra identidad?


Son clásicos el muñeco de trapo o de peluche que los pequeños abrazan para conciliar el sueño, o un simple trapo como el que acompaña a todas partes al pequeño Linus en las tiras cómicas de Charlie Brown. El psiquiatra Donald Winnicott acuñó a mediados del siglo XX la denominación de «objetos transicionales» para referirse a aquellas cosas materiales en las que los niños concentran el afecto y la confianza. Y los llamó así porque veía en ellos la representación de la seguridad materna cuando la madre está ausente. Son, por tanto, una especie de cordón umbilical que a través de la fantasía crea vínculos firmes entre el sujeto y la realidad. Aunque los niños siguen teniendo sus mascotas o juguetes preferidos que sobreviven a las avalanchas de regalos, cada vez les rinden menos lealtad. La sobreabundancia les incita al cambio. En el mejor de los casos, su relación con ellos es no ya sentimental, sino simplemente emocional: la emoción de la primera sorpresa, del enamoramiento súbito, del goce momentáneo.


Algo semejante ocurre en los adultos, paulatinamente desprendidos de cosas durables, de objetos a los que guardar fidelidad a lo largo de toda la vida o de una etapa importante de ella. Antes se apuraba la existencia de las cosas hasta su último aliento. Curioso que cuanto más crece nuestra esperanza de vida, más se acorta la de los objetos que nos rodean…


Y es que los objetos tienen el alma que nosotros queramos darle. Una piedra, por ejemplo, puede llegar a convertirse en nuestro objeto más preciado si tras ella se encuentra el recuerdo del viaje de nuestra vida. Por el contrario, esa misma piedra podría pasar inadvertida si, en lugar de presidir nuestra mesa de trabajo, yaciera en el suelo de cualquier descampado.


Todos necesitamos depositar en las cosas algo de nuestro yo, confiarles nuestros sueños, dotarlas de significado, reconocernos en ellas. No es materialismo. En el culto a las cosas perdurables hay una espiritualidad que no conoce el comprador inestable y compulsivo, esclavo de las novedades y proclive al hastío. Por el hecho de que las cosas tengan lapsos de vida tan reducidos no hay que deducir que sus dueños sean personas indiferentes a la tentación de lo material. Más bien al revés: los que guardan fidelidad a las cosas duraderas dotan a éstas de un alma que no tienen los objetos sucesivos, volátiles. Y si no mantenemos con ellos vínculos mínimamente estables, ¿seremos capaces de mantenerlos con nuestros semejantes, con nuestros principios, con nuestras ideas…?

lunes, 4 de agosto de 2008

La historia de las cosas

La historia de las cosas es un vídeo de Annie Leonard que habla acerca de la cadena de producción y consumo de nuestra actual sociedad. No es mi intención desde aquí empezar un debate sobre el capitalismo y el consumismo porque no es el objetivo del blog.
Sin embargo, si que pienso que el vídeo es bastante recomendable a la hora de generar conciencia medioambiental acerca de los recursos limitados de nuestro planeta.

miércoles, 16 de julio de 2008

Hay cosas en la vida que son mucho más reales que los ojos que las miran

“Cuando el cuerpo funciona espontáneamente, se le llama instinto. Cuando el alma funciona espontáneamente, se le llama intuición. Son dos cosas semejantes y a la vez alejadas entre sí. El instinto pertenece al cuerpo, lo burdo; la intuición pertenece al alma, lo sutil. Entre las dos cosas se encuentra la mente, la experta, que nunca funciona espontáneamente. La mente significa conocimiento. El conocimiento nunca puede ser espontáneo. El instinto es más profundo que el intelecto y la intuición está por encima del intelecto. Ambos trascienden el intelecto y ambos son buenos”.
Osho. “Intuición. El conocimiento que trasciende a la lógica”

Normalmente solemos saber cómo acabarán las cosas. Todo es visible desde un momento muy temprano en nuestras relaciones, basta con atreverse a mirarlo. Un solo instante puede engendrar el germen de los próximos años. Las señales rara vez engañan si sabemos distinguir sus significados, si estamos dispuestos a ello. Vemos gestos inconfundibles. Escuchamos un tono de voz que dice mucho. Notamos la impaciencia. Percibimos intenciones ocultas. Adivinamos el cansancio que provocamos. El afán de agradar del otro. La ilusión que uno crea. La determinación de alguien de permanecer a nuestro lado. La lealtad irracional. Notamos cuando hay entusiasmo. Sabemos quien no es trigo limpio y quien un alma cándida. Vemos quien abandonará a quien cuando nos presentan a una pareja. También percibimos en qué momento dejamos de querer como antes o dejan de querernos. Sabemos qué debimos decir y no dijimos, o qué callar y no callamos. Cuándo decepcionamos. Y también sabemos quién va a amarnos, a nuestro pesar a veces… contra nuestra voluntad a veces…

¿Por qué no confiamos en nuestras intuiciones entonces?. Parece que no queremos “ver” lo que tenemos delante. Intentamos que las cosas sean distintas a como son en realidad. Nos empeñamos insensatamente en que nos guste quien nos gusta poco desde un principio, y en fiarnos en quien nos inspira desconfianza. Es como si a menudo fuésemos en contra de nuestras intuiciones, e incluso de nosotros mismos... Quizá actuemos así porque vivimos en una sociedad en la que las cosas no acaban de existir hasta que se las nombra, o al menos eso es lo que todo el mundo piensa... Deberíamos confiar más en todos nuestros sentidos, y potenciarlos, abrirlos, desarrollarlos... Aunque bien es cierto que los ojos no lo son todo para ver al igual que los oídos no lo son todo para oír…

Y es que hay cosas en la vida que son mucho más reales que los ojos que las miran…

miércoles, 18 de junio de 2008

¿Dices lo que piensas?, ¿piensas lo que dices?. ¿Debemos decir siempre lo que pensamos?...

“ - Necesitas un buen corte de pelo - dijo el Sombrerero -.
Había estado observando a Alicia con mucha curiosidad, y estas eran sus primeras palabras.
- Debería aprender usted a no hacer observaciones tan personales - dijo Alicia con acritud -. Es de muy mala educación.
Al oír esto, el Sombrerero abrió unos ojos como naranjas, pero lo único que dijo fue:
- ¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?.
“¡Vaya, parece que nos vamos a divertir!”, pensó Alicia. “Me encanta que hayan empezado a jugar a las adivinanzas”. Y añadió en voz alta: - Creo que sé la solución.
- ¿Quieres decir que crees que puedes encontrar la solución? - preguntó la Liebre de Marzo-.
- Exactamente - contestó Alicia -.
- Entonces debes decir lo que piensas - siguió la Liebre de Marzo -.
- Ya lo hago - se apresuró a replicar Alicia -. O al menos... al menos pienso lo que digo... Viene a ser lo mismo, ¿no?.
- ¿Lo mismo?. ¡De ninguna manera! - dijo el Sombrerero -. ¡En tal caso, sería lo mismo decir “veo lo que como” que “como lo que veo”!.
- ¡Y sería lo mismo decir - añadió la Liebre de Marzo - “me gusta lo que tengo” que “tengo lo que me gusta!”.
- ¡Y sería lo mismo decir añadió el Lirón, que parecía hablar en medio de sus sueños - “respiro cuando duermo” que “duermo cuando respiro!”.
- Es lo mismo en tu caso - dijo el Sombrerero -.
Y aquí la conversación se interrumpió, y el pequeño grupo se mantuvo en silencio unos instantes, mientras Alicia intentaba recordar todo lo que sabía de cuervos y de escritorios, que no era demasiado…”
LEWIS CARROLL, “Alicia en el País de las Maravillas”.
¿Dices lo que piensas?, ¿piensas lo que dices?. ¿Debemos decir siempre lo que pensamos?...
Normalmente hablamos muy a la ligera, nadie ahorra ahora nada a nadie en lo que se refiere al hablar o contar. Confesamos todo lo que podemos, y uno no siempre quiere saber todo lo habido y por haber… Deberíamos ser más cuidadosos a la hora de contarnos o no contarnos, interrogarnos o no interrogarnos. Últimamente, (quizá por la paulatina pérdida de las creencias religiosas), la idea de que nadie contemple lo que hacemos, de que nadie esté al tanto de lo que hacemos, de que nadie nos juzgue, nos ha creado una especie de pavor a que ya no haya testigos de nuestra cotidianeidad, de nuestra existencia. En ocasiones tengo la sensación de que el mundo estaría mejor sin el relato de ciertas cosas, aunque a veces se nos hace muy difícil callar. Pienso que hay cosas que deben saberse, pero a veces pienso “ojalá no se supieran”, aunque quizá en el fondo lo que estoy pensando realmente es “ojalá no hubieran sucedido para que no se supieran”… Ahí siempre hay una contradicción, pero precisamente en la vida la incongruencia es válida.
La ausencia de preguntas o informaciones, (aunque pueda parecer una contradicción), puede ser una de las formas de vitalizar las relaciones, y a veces es incluso una forma de respeto. A casi todo el mundo, lo sepa o no, le conviene estar a solas una parte del día. ¿Por qué hoy en día la gente no pierde el tiempo casi nunca?... Tengo la sensación de que a la mayor parte de la gente le horroriza palpar el tiempo y por eso lo tiene que llenar, por ejemplo llamando por el móvil a ochocientas personas para decir que van por la Calle Mayor o por la Gran Vía. Tenemos que rellenarlo y lo que no admitimos es perderlo pensando. Pensar, (no siempre para decir), es una de las cosas más entretenidas y distraídas que hay, aunque sea en las musarañas…

lunes, 2 de junio de 2008

La visión del enamorado, mirada entusiasta.

“¿Por qué se ha de considerar como decisivo el punto de vista del indiferente y no el del enamorado?. Tal vez la visión amorosa es más aguda que la del tibio. Tal vez hay en todo objeto calidades y valores que sólo se revelan ante una mirada entusiasta.”. Ortega y Gasset, “Las Atlántidas”.

La ciencia atribuye la capacidad de enamorarse a complejas reacciones químicas que tienen lugar en el cerebro. Éste movido por las emociones, produce unas sustancias químicas llamadas hormonas endógenas, que hacen que la persona eleve su autoestima, experimente sensación de euforia, se sienta animada, alegre y vigorosa. Si hay abundancia de estas “drogas naturales de la felicidad” hay inteligencia emocional e interpersonal. La persona se siente ubicada, sabe quién es, a dónde va, controla sus emociones, conoce sus habilidades, sus talentos y se siente dueña de sí misma.

En un reciente trabajo de unos investigadores de la Universidad College de Londres, y tras captar multitud de imágenes de cerebros enamorados, comprobaron que ante la visión del ser amado se activan determinadas zonas del cerebro, (entre ellas el córtex que curiosamente también responde al estímulo de drogas sintéticas), produciendo sensaciones de euforia. Pero lo sorprendente del nuevo estudio es que además, las áreas encargadas de realizar juicios sociales, y por tanto de someter al prójimo a valoración, se inactivaban. No creo que esto signifique que nos volvamos “ciegos" ante nuestro amor, sino todo lo contrario. Quizá sea en estos casos en los que al bajar la guardia, el amor como un pequeño mago nos ayuda a descubrir los tesoros que todos tenemos escondidos… Es entonces una luz que recogemos para enfocarla sobre una persona o una cosa, es un viaje hacia lo íntimo, es el afán de abandonar la periferia del ser amado que se ofrece por igual a todo el mundo y apoderarse de su intimidad latente, secreta… Así que, ¿por qué no mirar a la vida desde el punto de visita del entusiasta o enamorado?...

Si el optimismo significa creer que algo favorable va a ocurrir, incluso anhelar que esto ocurra, ver el lado positivo de las cosas, tener una postura amable ante los hechos que ocurren. El entusiasmo en cambio es acción y transformación, es la reconciliación entre uno mismo y los hechos. Es creer en nuestra capacidad de transformar las cosas, en nosotros mismos, en los demás, en la fuerza que todos tenemos para transformar el mundo y nuestra propia realidad… Es vocación y devoción por lo que se hace, es entender a otros desde la fuerza que da el creer en nosotros mismos, es mirarse en otro y encontrarse en él y en ti, es potenciar y potenciarse, abrirse y no renunciarse, amar y amarse.... No hay que quedarse esperando a que las condiciones mejoren, que llegue el éxito, que mejore nuestro trabajo. El secreto está dentro de nosotros y no consiste simplemente en pensar que las cosas pueden salir bien, sino en creer que somos capaces de hacerlas bien.

Sentirnos felices es una cuestión de actitud hacia la vida: las “drogas de la felicidad” no se consiguen en el exterior, sino que las creamos mediante una vida llena de amor, entrega y entusiasmo. Debemos amar y disfrutar apasionadamente lo que hacemos. Tener relaciones con personas que nos motivan y enriquecen nuestra fuerza vital.

Debemos dejar de un lado toda negatividad, escepticismo e incredulidad, y ser entusiastas con la vida, con quienes nos rodean y con uno mismo.


Morir es seguro, vivir es lo incierto… Así que hay que vivirse chicos!. Y, es que quizás todo iba mejor cuando besábamos más y pensábamos menos…